LITERATURA HISPANOAMERICANA EN ESPAÑOL·Sin categoría

LITERATURA HISPANOAMERICANA 2: SIGLO XIX

LITERATURA HISPANOAMERICANA EN ESPAÑOL 2: EL XIX

Profesor: Jesús V. Magdalena (filólogo, psicólogo y teólogo). Enero 2018

0. ÍNDICE DE CONTENIDOS

1-INTRODUCCIÓN

2-ABIENTE HISTÓRICO Y LITERARIO ………………………………………………………………2-3

LAS DIVERSAS LITERATURAS EN ESPAÑOL LATINOAMERICANAS DEL XIX

3-CUBANA DEL XIX

13-PAÑAMENA del XIX

4-DOMINICANA

14-COLOMBIANA

5-PUERTORRIQUEÑA

15-De VENEZUELA

6-En las ANTILLAS HOLANDESAS

16-ECUATORIANA

7-MEXICANA DEL XIX

17-PERUANA

8-En GUATEMALA

18-CHILENA

9-HONDUREÑA

19-BOLIVIANA

10-DE EL SALVADOR

20-ARGENTINA

11-NICARAGÜENSE

21-PARAGUAYA

12-COSTARRICENSE

22-URUGUAYA

23-CONCLUSIONES

24-BIBLIOGRAFÍA

1. INTRODUCCIÓN

En el estudio anterior vimos como durante toda la Edad Moderna (siglos XVI-XVIII) se fue incubando el “cóndor literario” de las letras españolas de América, tanto en el Norte como en el Sur. Al final muchas aves propias, citamos centenares de ellas con sus obras representativas, volaron ya, con su sustrato propio y teniendo en común el nutriente español, que cada autor y autora desarrolló idiosincráticamente, de ahí ahora el estudio puntual de cada nación.

En este siglo aquellos polluelos se emanciparon totalmente, salieron de sus nidos para mostrar su grandeza y plenitud, ya como jóvenes adultos, muy capaces de su total y completa autonomía, con conciencia propia y unida del continente hispanohablante (aunque se refiera más a ensayos como “Los amantes de las Letras” dominicano que a encuentros internacionales como las grandes asociaciones de los siglos XX y XXI: ADELA, ASOLAPO, SECH, SOGEM,…). Del estilo romántico al naturalista fue un periodo de esplendor, para José Miguel Oviedo y otros, al igual que en Filipinas o el judeoespañol, el más clásico y reconocido internacionalmente como auténtico para ellos mismo y para los demás. !!Evidentemente no nos lo podemos perder¡¡

Además también es innovador y genuino, como bien señalan diversos autores (especialmente Federico Augusto Guzmán Rubio en su tesis doctoral) el romanticismo trae novedades en los países americanos emancipados, la memoria histórica del romanticismo no es por las glorias de la Metrópoli española o por el pasado europeo y colonial, sino el recuerdo de un pasado casi mítico aborigen, o por una visión idealizada, criolla e idiosincrática como colonia diferente al habitual, de ahí que su poesía llegue al modernismo y que nuevas temáticas como los “relatos de viaje” o la “narrativa fantástica” sean un tópico de estas fervientes literaturas hispanoamericanas. El sentir de un corazón nuevo se oirá en todo el mundo, como una campana nueva de primavera, propia y diversa.

Si en el periodo anterior la nómina de autores por nación ya era demasiado amplia para una visión generalizada y específica, en este es infinita su multiplicidad, incluso para zonas caribeñas antes desconocidas para las letras hispánicas, de ahí la visión modélica y amena preferida, no se citan absolutamente a todos los autores, pero sí los más representativos, Disculpe, pues, el lector interesado si no están algunos de sus preferidos,…

2) AMBIENTE HISTÓRICO Y LITERARIO

Como nos expone Beatriz Garza fue en pleno siglo XIX, en medio de guerras civiles y de luchas continuas por la independencia contra las potencias expansionistas (España, Inglaterra, Francia y los Estados Unidos), cuando se escribieron las primeras historias literarias propiamente dichas. Cabe destacar como obras valiosas, aunque de posiciones ideológicas encontradas, la del liberal, cronista y novelista, Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893) y la del también ilustrado liberal, político republicano, poeta, periodista y crítico, José María Vigil (1834-1893), por un lado. Por el otro, está la obra del erudito, lingüista, filólogo y crítico ultra conservador, Francisco Pimentel (1832-1893), Conde de Heras, prefecto político de la ciudad de México en tiempos del imperio de Maximiliano, fundador de la Academia Mexicana de la Lengua Española (1875). Otras academias de la lengua que intentarán regular el uso de la lengua española especialmente en el registro escrito a lo largo del siglo serán: Academia Colombiana (1871), Academia Ecuatoriana (1874), Academia Salvadoreña (1875), Academia Venezolana (1883), Academia Chilena (1885), Academia Peruana (1887) y Academia Guatemalteca (1887). Destacando además las aportaciones fundamentales de lingüistas como Rufino J. Cuervo, Miguel A. Caro, y Andrés Bello sobre todo en gramática y ortografía castellana. Evidentemente, con este siglo de progreso nacen muchas nuevas universidades, y todas las nuevas naciones alcanzaran sus propias imprentas, periódicos y tipografías.

Además recordemos que este fue el convulso siglo de las guerras napoleónicas, el imperialismo colonial y las guerras de independencia. Como bien dice el autor del artículo “Guerras de Independencia hispanoamericanas” de la Wikipedia estas guerras fueron una serie de conflictos armados que se desarrollaron en las posesiones americanas del Imperio español a partir de principios del siglo XIX, en los cuales se enfrentaron generalmente el bando que se autodenominó patriota (el independentista o revolucionario) contra el bando que se conoció como realista o virreinal (que defendió la lealtad a España/Francia/Portugal o la unidad patriótica). Según la postura historiográfica, estos procesos pueden ser vistos como guerras de independencia, guerras civiles o bien, una combinación de diversas formas de guerras unas veces solo contra España, otras contra los franceses de Napoleón (especialmente México), otras contra EEUU (especialmente en las Antillas y Centroamérica), otros por cuestiones fronterizas o secesionistas dentro de ellos mismos, otros dentro de ellos mismos por la guerra presidencial. Fue un siglo violento y frenético que trajo muchas consecuencias para el siguiente siglo destacando las figuras políticas y militares tan nombradas y laureadas en su literatura (especialmente, según Federico A. Guzmán, en los llamados “relatos de viaje”); Cevedos, Valero de Bernabé y José Martí (quienes con otros acabaron finalmente con la Capitanía General de Cuba y tras otros conflictos hizo posible las siguientes repúblicas: Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Tobago y Trinidad y Guadalupe), el mexicano Morelos (y con otros dieron fin al Virreinato de Nueva España y dando lugar posteriormente a las siguientes naciones: México, Guatemala, Nicaragua, Honduras, El Salvador,…), los novogranadinos Nariño y Bolivar (por ejemplo hasta la extinción del Virreinato de Nueva Granada en 1819 dando lugar posteriormente tras otras guerras a: Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, e incluso parte del norte del Brasil actual), los rioplatenses Artigas y San Martín, los chilenos Carrera, Sucre (y con otros que acabaron con el Virreinato de la Plata que daría lugar a las actuales: Bolivia, Argentina, Uruguay, Chile,…).

Con todo este ambientazo, y a pesar de lo mucho que nos podría maravillar, las circunstancias materiales obligan, por lo que veremos solo lo literario y de la forma más breve y amenamente posible. Con todo, veremos debidamente cada literatura en cada uno de estos nuevos territorios emancipatorios.

3) LITERATURA DECIMONÓNICA CUBANA

Como bien nos defienden José M. Oviedo, Marcelino Menéndez y el autor sobre el tema de la Wikipedia, durante el primer cuarto del siglo XIX aún se extiende el neoclasicismo, caracterizado por el empleo de formas clásicas semejantes a las preferidas en la Metrópoli, con iguales evocaciones de dioses grecolatinos, pero con un singular protagonismo de la naturaleza como clara intención de mostrar diferencias en relación con Europa. Un poeta que podemos situar a medio camino de lo “culto” y lo “popular” fue Francisco Pobeda y Armenteros, quien con su estilo logró ser de los iniciadores del proceso de “cubanización” de la lírica. Poco tiempo después, Domingo del Monte intentará lo mismo que Pobeda, proponiendo la “cubanización” del romance. También Del Monte destacará por su obra de orientación, la organización de tertulias y su correspondencia.

El Romanticismo madurará en Cuba gracias a una figura de rango continental, cuya obra poética rompió con la tradición de la lengua española, dominada entonces por un neoclasicismo de diversas gradaciones. José María Heredia (1803-1839), es la figura más representativa del estilo neoclásico (además de ser el primer gran poeta romántico y exiliado cubano), fue también ensayista y dramaturgo. En 1826 fundó “El Iris“, periódico crítico y literario, único en su género y dos revistas importantes, “Miscelánea” (1829-1832) y “La Minerva” (1834). Entre sus poemas sobresalen dos silvas descriptivo-narrativas: “En el teocalli de Cholula”, donde admira las grandes ruinas aztecas y reprueba la religión prehispánica, y “Al Niágara” (1824), sobre las entonces imponentes y salvajes cataratas, composiciones en las que aparece un nuevo personaje: el yo de filiación romántica. Otros autores que imitaron el estilo neoclásico serían Domingo del Monte e Ignacio Valdés Machuca.

Pero el romanticismo cubano e incluso latinoamericano no puede entenderse sin la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, considerada como una de las mejores expresiones del movimiento romántico y una precursora de la novela latinoamericana. Sus personales circunstancias biográficas y su apasionado carácter la llevó a vivir de acuerdo con sus propias convicciones, apartándola también de la mayoría de las escritoras convencionales de su época y convirtiéndola en precursora del movimiento feminista en España y Cuba. Escritora, pues, independiente y atrevida, fue criticada duramente por Cintio Vitier en el siglo XX. Otros románticos notables son Gabriel de la Concepción Valdés (“Plácido”) y Juan Francisco Manzano. Entre los seguidores del regionalismo americano se contó con el gran dramaturgo José Jacinto Milanés.

El siguiente hito de gran importancia para la poesía cubana sobreviene con la aparición de dos poetas excelentes: Juan Clemente Zenea (1832–1871) y Luisa Pérez de Zambrana, y otros autores que logran alcanzar altas calidades literarias en su obra como Mercedes Matamoros y poco después José Martí (1853–1895).

Las influencias foráneas, sobre todo francesas, vinieron a reunirse en otro poeta esencial: Julián del Casal. Una de las mejores aportaciones del autor es la visión de la palabra como arte, la búsqueda de la perfección y la belleza literaria, casi al estilo del escritor Joan Maragall y sus teorías modernistas de “la paraula viva”.

El siglo XIX cubano contó, además, con filósofos e historiadores como José de la Luz, Félix Varela y José Antonio Saco que prepararon la generación de la independencia. Surgió también una novela antiesclavista con Cirilo Villaverde, José R. Betancourt y Ramón de Palma. Además floreció una literatura de costumbres con José Cárdenas y José Victoriano Betancourt y al igual que en España con Bécquer y Rosalía de Castro surgió un romanticismo tardío con la “reacción del buen gusto”: Rafael María de Mendive, Joaquín Lorenzo Luaces y José Fornaris. En la crítica merece recordarse a Enrique José Varona.

4) LITERATURA DOMINICANA DEL XIX

Toda y la convulsa historia de sucesivas independencias (de España, Haití, Francia,..) y la guerra civil entre “Trinitarios” y “Anexionistas” (a Francia, Inglaterra o España a la que llegó a revertir como colonia durante un par de años¡¡!!, luego lo intentaron con EEUU,…) por lo que la literatura dominicana tuvo grandes motivos y temas contrapuestos. Aun así, su impulso por el español vino definitivamente con la fundación de la primera sociedad cultural “Los Amantes de las Letras fundada” por José Gabriel García (1834-1910), quien además fue el fundador de la primera universidad dominicana, el Instituto Profesional (hoy Universidad de Santo Domingo), co-fundador de la primera imprenta y empresa editorial privada del país, García Hermanos, y responsable de establecer el primer teatro dominicano y publicar el primer periódico cultural dominicano “El Oasis“, así como la primera revista dominicana. A esta sociedad cultural también pertenecieron otros autores del momento como Manuel de Jesús Galván, Francisco Javier Angulo Guridi, Manuel de Jesús Heredia, y Manuel Rodríguez Objío, entre otros.

Por lo que respecta a la poesía, según el escritor Basilio Belliard, el momento más espléndido de la poesía dominicana del siglo XIX es el que conforman José Joaquín Pérez y Gastón Fernando Deligne, tres pilares donde descansa la modernidad de nuestra poesía de la época en sus vertientes patriótica, indigenista y psicológica. Pero no es sino en el siglo XX cuando nuestra poesía alcanza la categoría de moderna, con el surgimiento de las vanguardias. La poesía es el género más cultivado desde Manuel María Valencia (1810-1870), el primer poeta romántico, pasando por Fabio Fiallo y otros que asimilan las influencias de las corrientes literarias europeas.

La novela también tuvo exponentes importantes en el país. Surgió bajo la influencia del romanticismo francés de Víctor Hugo y será a partir del siglo XX cuando acusara sus tres grandes momentos. En aquel entonces, ante tanta revolución y revuelta, los autores más representativos son Pedro F. Bonó quien escribió la primera novela conocida El Montero ( 1856), y luego le siguió F. Angulo Guridi con La fantasma de Higuey en 1857. Aunque algunos historiadores de la literatura dicen que la primera novela dominicana es Los amores de los indios de Angulo Guridi. La novela dominicana no ha tenido la pujanza que han tenido otros géneros como la poesía, el ensayo y el cuento, a pesar del Enriquillo (1879) de Manuel de Jesús Galván, que es la gran novela indigenista del Nuevo Mundo.

Por lo que respecta al teatro el panorama de la primera mitad del XIX no es más halagüeño que el de los siglos anteriores. La inestabilidad política, fruto de la invasión haitiana de 1822-1884 y del movimiento emancipador dominicano de 1844, prácticamente sepultó las actividades culturales y las representaciones teatrales durante ese medio siglo. Los patriotas que motivados por Juan Pablo Duarte y sus compañeros de lucha vieron en las actividades teatrales la vía para más idónea para fortalecer la causa liberadora del pueblo dominicano, escenificaron obras escritas por autores extranjeros. No es sino a partir del movimiento Restaurador de 1863, encabezado por Santiago Rodríguez y reforzado en la zona del Cibao por Gregorio Luperón, cuando el teatro criollo toma impulso. El iniciador del teatro criollo fue Félix María del Monte (1819-1899). Se destacó como poeta, dramaturgo y patriota. Sus obras teatrales más  divulgadas y representadas son Duvergé o las víctimas del 11 de abril, El mendigo de la catedral de León, El vals de Strauss, El premio de los pichones y El último abencerraje. Otros dramaturgos del momento fueron José Joaquín Pérez, Salomé Ureña y Ulises Heureaux que fue uno de los más prolíficos (El grito, El jefe,…).

5-LITERATURA ESPAÑOLA DE PUERTO RICO EN EL XIX

El espíritu emancipatorio de la isla también se inicio con el siglo y ya desde sus principios se plasmó sobre todo en la prensa local. Y así, desde la aparición, en 1806, del primer periódico isleño, La gaceta de Puerto Rico, dio pie a la aparición de otras publicaciones que asimismo divulgaron informaciones de carácter político, administrativo y comercial, entre ellas el Diario Económico de Puerto Rico (1814-1815), El Cigarrón (1814), El Investigador (1820-1822), Diario Liberal y de Variedades de Puerto Rico (1821-1822), Piedra de Toque (1822) y El Eco (1822-1823). Hasta 1839 dichas publicaciones dieron acogida también a las tendencias estéticas que se desarrollaron en la anterior centuria, esencialmente el Neoclasicismo, junto con una actitud prerromántica y un incipiente criollismo-costumbrismo que pronto se desarrollaría en el territorio insular.

Dentro de la prosa prerromántica debe destacarse el que es considerado el primer periodista de Puerto Rico, José de Andino y Amezquita (1751-1835), cuyos discursos de teoría política están imbuidos de un reformismo ilustrado. Asimismo, Francisco Vassallo y Forés (1789-1849) propugnaba en sus escritos la necesidad de instaurar una serie de libertades que amparasen el nacimiento y desarrollo de las artes y las letras autóctonas puertorriqueñas. En poesía hay series de poemas anónimos, pero también algún nombre como el de su primera poetisa, Mª Bibiana Benítez y José Simón Romero.

A partir del influjo romántico llegó otro tipo de prensa, como por ejemplo El Boletín Mercantil que acogió en su seno a una serie de autores jóvenes que comenzaron a manifestar una intención costumbrista en su producción. El artículo festivo-satírico de Vassallo Forés titulado Los románticos, aunque en un tono jocoso, apunta ya la forma en que es entendido en la isla el movimiento romántico; destacan, además, las veinte cartas que con el título El aguinaldo del Buen Viejo. En cuanto a la poesía de claro corte romántico aportaron sus obras: José Rodríguez Calderón (1778-?), Jacinto Salas Quiroga (1813-1849) y Eduardo González Pedroso (1822-1867); y en otros casos el uso de gran variedad métrica propia de esta época, como en los poemas de Ignacio Guasp Cervera (¿-1874), Carlos Cabrera, Juan Manuel Echevarría y Fernando Roig.

Fue precisamente la aparición del Aguinaldo Puertorriqueño en 1843 lo que marcó un antes y un después, hasta tal extremo que muchos autores lo consideran como el punto de inflexión a partir del cual comienza verdaderamente el Romanticismo en Puerto Rico. Es esta una obra colectiva en la que se incluye una colección de pequeños textos, en prosa y verso, realizados por una sociedad de amigos cuyos integrantes eran los siguientes: los españoles Ignacio Guasp Cervera, Fernando Roig y Manuel Alcayde; el venezolano Juan Manuel Echevarría (¿-1866); y los buenos puertorriqueños Martín J. Travieso (1820-?) Francisco Pastrana, Carlos Cabrera, Mateo Cavailhon, Alejandrina Benítez (1819-1879) y Benicia Aguayo.

No obstante, la figura literaria más importante de este período fue Alejandro Tapia y Rivera (1826-1882), no estuvo tan ligado al mundo periodístico. De él sabemos que tomó como seudónimo el título de su obra más importante y primigenia El bardo de Guamaní. Fue un escritor fecundo, cultivó tanto la prosa como el verso, e incluso publicó algunas obras de teatro antes de su repentina muerte por un ataque cerebral. Su ensayo más famoso, “Mis memorias de Puerto Rico, como lo encontré y cómo lo dejo” tiene un carácter autobiográfico, publicado póstumamente en 1928, y resulta ser una auténtica crónica del Puerto Rico de aquellos tiempos, rica en detalles y descripciones.

Otro autor importante en la primera mitad del siglo fue Eugenio Mª de Hostos (1839-1903) autor de la novela La peregrinación a Bayoán, interesante por defenderse un ideario político un tanto republicano e independentista que le supuso el destierro. Galdós lo retrató en su novela Prim. Tras la independencia de 1898 pudo volver triunfante para terminar su Diario.

A partir de la segunda mitad del siglo, y el segundo romanticismo puertorriqueño, surgieron nuevas corrientes y escritores. Tres poetas destacan ahora: Los dos primeros, Luis Muñoz Rivera (1859-1916) y José A. Negrón Sanjurjo (1864-1927), habituales autores satíricos del periódico La democracia, con su poesía satírica atacaron a sus oponentes políticos desde las columnas de dicha publicación. El tercero fue José de Diego (1867-1918) quien además de adaptarse bien al nuevo romanticismo, también se adapto al modernismo. Otros autores fueron, José Mercado (1863-1911), más conocido por el sobrenombre de Momo, fundó “La araña” en 1902 y, junto a su amigo Rodríguez Cabrero, “El perro amarillo”, publicaciones donde dieron muestras de su ingenio con versos epigramáticos.

El cuento está representado por Mariano Abril (1861-1935) y Eugenio Astol (1872-1948). Por otro lado, Manuel Fernández Juncos (1846-1928) publicó diversos relatos (cuadros de costumbres, tradiciones, leyendas y cuentos). En cuanto cuentos folclóricos y tradiciones aborígenes también destacan las obras de Fernández Juncos, Cayetano Coll y Toste (1850-1930), con sus Tradiciones y leyendas puertorriqueñas (1925), una serie de relatos breves recogidos en tres tomos que ofrecen una acertada visión de la vida en Puerto Rico en varias épocas de su historia.

Por fin ahora sí despegará el teatro insular con dos grandes nombres Tapia y Ribera y Salvador Brau (1842-1912). El resto de la producción teatral no alcanzó el mérito de estos autores. Tan sólo el teatro costumbrista tuvo alguna repercusión, y dentro de él debe destacarse las figuras de Ramón C. F. Caballero (1820-?), anterior en el tiempo, y Ramón Méndez Quiñones (1874-1889), autor criado en Madrid; sus obras, de breve extensión y con un enfoque eminentemente humorístico, tienen como referente un lenguaje campesino salpicado de refranes y repleto de decires propios de la isla. El teatro lírico, ya con tendencia decadente, tiene como representantes a José Pérez Losada (1879-1937), y Luis Díaz-Caneja. Un autor que supera este segundo romanticismo del teatro a destacar por ser tan innovador fue José Limón de Arce (1877-1940) con su obra Redención, estrenada en 1904, que ya fue un auténtico teatro de propaganda de la unión obrera.

En el último cuarto de siglo, el más caótico (contra españoles y estadounidenses), también hubo realismo-costumbrismo y naturalismo, tratando de describir y paliar tantas incertidumbres y angustias. Algunos nombres destacados de finales del siglo de estas corrientes son: Francisco del Valle Atiles con Inocencia (1884); Salvador Brau con La pecadora (1890); Federico Degetáu con sagas de novelas El fondo del aljibe (1886), La injuria (1893) y Juventud (1896); y sobre todo Matías González García (1866-1938), dentro de un naturalismo típico con Cosas (1893), Ernesto, Carmela, Gestación (1905),… Y esto no era nada para lo que se avecinaba¡¡!!

6-LITERATURA ESPAÑOLA DE LAS ANTILLAS HOLANDESAS: (ARUBA, BONAIRE Y CURAZ”AO)

Sorprendentemente para mí mismo, me topé con las obras de Johannes Hermanus Tellingen y Luis Simbaqueba quienes analizan la literatura en español de las entonces “Antillas Neerlandesas” (sobre todo Aruba, Bonaire y Curazao) destacando los siguientes periodos:

I) La época prerrenacentista (1870-1885). Para estudiar el habla y la literatura del español en las Antillas neerlandesas, sólo se dispuso de la documentación dada por los periódicos: alrededor del año de 1870 se editaron varios, redactados en neerlandés, inglés, papiamento y español. “El Noticioso” fue el primer periódico en español, pero tuvo vida breve; otro, “De Onpartijdige”, fue fundado en el año de 1870, y cuatro años más tarde tradujo su título (“El Imparcial”) y siguió redactándose en español. Por último, en 1871 empezó su vida el primer periódico en papiamento, “Civilisadó”, pero desde sus primeros números hay buenas contribuciones en español. Por otra parte, se observa en Civilisadó buen número de poesías originales de autores antillanos y españoles, especialmente se puede mencionar a Manuel Dagnino y a Manuel M. Bermúdez Ávila.

II) El renacimiento (1885-1915). Por el año de 1886 apareció la primera revista, Notas y Letras, “semanario de literatura y bellas artes“, escrita en español; uno de sus redactores, el poeta José Sickman Corsen, seguía “las formas tradicionales españolas, pero en algunos ya se anuncia por una forma más suelta y en tono ligeramente irónico, el modernismo que Rubén Darío no tardaría en canonizar”. También cabe destacar a Adolfo Wolfschoon, con sus colecciones de versos Poesías y letrillas; a Darío Salas, tildado de “fiel a la formas sacrosantas de la tradición lírica española”; y a David M. Chumaceiro, del que se dice “esencialmente un alma romántica”.

III) Período pasivo (1915-1940). Esta época está caracterizada por una “mayor pasividad entre los antillanos, correspondiendo la parte creadora a autores de origen español o hispanoamericano”. Pero, en cambio, se debe anotar los periódicos que aparecen: El Heraldo (1905), La Mañana (1921); no hay -fuera de Minerva una revista que se dedique a las letras, como sucedió en el anterior período con Notas y Letras.

IV.¿Una nueva época renacentista?. Es posible pensar en “una corriente española en las Antillas que esconde en germen un segundo renacimiento”. Entre la joven generación se puede destacar a Cola de Brot (poeta y prosista), a Mauricio Nouél (poeta), a Lidia Obediente (poetisa), a Luis H. Plácido Daal (ensayista, Palabras íntimas , 1951, y Estampas españolas, Cada vida es un mundo, 1954). Cree el profesor Terlingen, autor del trabajo que estamos mencionando, que vale la pena hacer un esfuerzo para estudiar el cultivo de la lengua y la literatura españolas en las Antillas neerlandesas, y completar así el cuadro de conjunto de la cultura hispánica en el mundo.

Después de la independencia de algunas de ellas en el 2010, al parecer, según los datos ofrecidos por el Instituto Cervantes y el artículo de la Wikipedia sobre el idioma español en las Antillas Neerlandesas, se mantiene el ritmo inicial sobre todo en Aruba y Bonaire, aunque parece creciente en Saint Maarten.

7) LITERATURA DECIMONÓNICA DE MEXICO

Durante el siglo XIX los escritores mexicanos cultivaron tres grandes corrientes literarias: el romanticismo, el realismo-naturalismo y el modernismo, además en esta aún gigantesca nueva nación se dio también el cultivo de la metaliteratura, es decir la reflexión y crítica de la labor literaria nacional. Veremos primero el cultivo de los tres géneros y posteriormente la labor filológica metaliteraria:

I) Como Víctor García Esquivel (citando a su vez a Belén Clark), el autor del artículo de la Wikipedia y José M. Oviedo nos insisten, en general, los escritores de los dos primeros tercios del siglo se clasificarían en torno a cientos de asociaciones. Destacaron dos contrapuestas: 1) la Academia de Letrán, fundada en 1836 (José María Lacunza, Guillermo Prieto, Manuel Carpio, Andrés Quintana Roo, José Joaquín Pesado, Ignacio Rodríguez Galván, Ignacio Ramírez, Justo Sierra, …) más bien de estilos y formas románticos; y 2) el Liceo Hidalgo, fundado en 1850 (Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Acuña, Manuel M. Flores), etiquetados como neoclásicos o académicos, en oposición a la categoría de “románticos” que se les daba a los primeros.

Más tarde, en el último tercio del siglo, con el auge del positivismo y naturalismo, el gusto estético cambió. Entre los escritores mexicanos realistas y naturalistas tenemos a Luis G. Inclán, Rafael Delgado, Emilio Rabasa, José Tomás de Cuéllar, Federico Gamboa y Ángel de Campo.

Y ya para terminar el siglo llegó la revolución modernista, con todas sus innovaciones métricas y simbólicas. Entre 1895 y 1910 México se volvió un núcleo de actividad modernista; entre los escritores tenemos a Manuel Gutiérrez Nájera, Enrique González Martínez, Salvador Díaz Mirón y Amado Nervo.

II) Como los estudiosos citados explican, con el siglo XIX también nace una conciencia sobre el arte literario, el hecho de crear literatura. Entre los autores mexicanos a destacar en la metaliteratura merece mencionarse sobre todo a Francisco Pimentel. De su obra, Historia crítica de la literatura y de las ciencias en México, desde la conquista hasta nuestros días, Pimentel sólo alcanzó a publicar en 1885 lo referente a los Poetas, que después corrigió y aumentó en una nueva versión que se conoce como la Historia crítica de la poesía en México (1892). Su otro estudio, Novelistas y oradores mexicanos se publicó póstumamente, en 1904. La obra de Pimentel, aunque se puede considerar como la primera historia sistemática de la literatura mexicana, ha estado marginada de la mayoría de las historias de la literatura mexicana escritas en el siglo XX.

De las versiones de conjunto de la literatura mexicana escritas en el siglo XIX hay que mencionar también: Las ojeadas breves de Pedro Santicilia, Del movimiento literario en México (1868); de Enrique Olavarría y Ferrari, El arte literario en México (1877); y de Manuel Sánchez Mármol, Las letras patrias (1902). Aunque escrita desde la otra orilla, mención especial merece la visión muy completa y amplia sobre la poesía mexicana de Marcelino Menéndez y Pelayo, que sirve de “Introducción” a la parte dedicada a México de la Antología de poetas hispanoamericanos, publicada por la Real Academia Española en 1893. A este estudio se refieren Pedro Henríquez

Ureña, Luis G. Urbina y Nicolás Rangel como el que “ofrece la síntesis de una evolución literaria de cuatro siglos con mayor fuerza que ningún otro trabajo hecho sobre el asunto”.

8) LITERATURA ESPAÑOLA DE GUATEMALA

Durante el siglo XIX comienza a desarrollarse la literatura guatemalteca independiente de la española, aunque siguieron recibiéndose importantes influencias europeas. Además del ensaño y el periodismo que emergen gracias a nombres como Simón Bergaño y José Antonio Irizarri, se desarrollará con su propaganda especialmente la poesía y la narrativa, pero poco o nada el teatro. Entre los escritores de esta época cabe mencionar a María Josefa García Granados y José Batres Montúfar -conocido simplemente como «Pepe Batres», quienes escribieron conjuntamente el Sermón para José María Castilla, una obra que resultó escandalosa para la época. El segundo es además autor del poema Yo pienso en ti, uno de los más conocidos de la literatura guatemalteca.

En la segunda mitad del siglo XIX triunfa el género novelesco, sobre todo gracias a José Milla y Vidaurre, considerado como el “padre de la novela guatemalteca”, que firmó algunas de sus obras con el seudónimo de “Salomé Jil”. Entre sus obras destacan La hija del Adelantado (1866), Los Nazarenos (1867), El visitador (1867) y El libro sin nombre. Además también hubo cronistas relevantes en este siglo: destacan los hermanos Agustín Gómez Carrillo y Enrique Gómez Carrillo (1873-1927), este último, como nos chiva Mario Cordero, se hizo famoso porque su primer texto publicado fue una crítica en contra de José Milla (político y también escritor conservador), lo que le valió muchos abucheos de la clase acomodada, pero también un futuro brillante en la literatura. Además escribió alrededor de 80 libros, de géneros variados, aunque destacan principalmente sus crónicas internacionales, en las que ejercitó una prosa realmente modernista. En cuanto a su obra narrativa, destacan Tres novelas inmorales: Del amor, del dolor y del vicio (1898), Bohemia sentimental (1899), Maravillas (1906) y El evangelio del amor (1922); en todas ellas predomina el tema erótico, dentro de una estética próxima al decadentismo.

A su vez, la poesía también despegó, destacando sobre todo José Batres Montúfar (1809-1844) a quien se le llegó a titular como el mejor poeta guatemalteco del siglo XIX.

9) LITERATURA DECIMONÓNICA ESPAÑOLA EN HONDURAS

En el siglo XIX, a pesar de las guerras y conflictos, las capullitos de las grandes instituciones culturales (La Universidad Nacional de Honduras de 1849, la imprenta desde 1829, asociaciones de escritores,…) empezaban a brotar, así como los periódicos propios, como “La Gaceta”, “El Rayo”, y otros, desde donde destacaron los siguientes escritores:

José Tomás de Adalid y Gamero (originario de Nicaragua y fallecido en 1811), quien llegó a la villa de la Inmaculada Concepción de Danlí, donde contrajo matrimonio en 1802 y en 1806 dio a conocer su “Cartilla irónica para entrar a la moda”, texto que circula secretamente tanto ahí como en Nicaragua pues las autoridades eclesiásticas la consideraron “una obra herética y perniciosa”.

Luego de la independencia y la introducción de la imprenta, inicia una nueva era en la literatura de Honduras. En la corriente litúrgica, destaca José Trinidad Reyes y sus Pastorelas.

Durante este siglo confluyen el Romanticismo y el Modernismo. En el primero de estos movimientos destacan autores como:

Carlos F. Gutiérrez (1861-1898), autor de Piedras falsas (1898), uno de los primeros poemarios publicados en el país, y de la novela Angelina (1898), unos de los primeros esbozos en este género en el país cuyos temas predominantes son el amor, la muerte, la locura, la honra, el destino trágico y se caracteriza por su color local, el culto a la naturaleza y el gusto por los contrastes. Escribió, además, sin título, el que es considerado como el primer cuento en la historia literaria de Honduras.

Marco Aurelio Soto (1846-1908), autor del cuento “Cabañitas”.

Ramón Rosa (1848-1893), autor del cuento “Mi maestra escolástica”, más emparentado con el género de las memorias que con el de cuento.

En este siglo, el movimiento Modernista tiene sus máximos representantes en Froylán Turcios (1874-1943), autor de varios poemarios, libros de cuentos y novelas breves, entre ellos Cuentos del amor y de la muerte, El vampiro y El fantasma blanco.

José Antonio Domínguez (1869-1903), autor de al menos 19 sonetos y de su extenso poema “Himno a la materia”, en el que se percibe la hondura del pensamiento filosófico y el estar al día con teorías científicas muy avanzadas; Juan Ramón Molina (1875-1908), con una obra poética que quedó dispersa en periódicos y revistas y que fue recopilada y publicada en 1913 bajo el título Tierras, mares y cielos.

Lucila Gamero (1873-1964) publicó 9 novelas, entre las que destacan Amelia Montiel (1892), Adriana y Margarita (1893) y Blanca Olmedo (1908). La novelista romántica más relevante de todos los hondureños.

Froylán Turcios (1875-1943) es en realidad un autor genial, el mejor hasta el momento, que se encuentra entre dos siglos. Entre sus obras de este siglo destacan: Mariposas y Renglones.

-José Ramón Molina (1875- 1908), el más alto exponente del Modernismo centroamericano después del fundador de dicho movimiento literario, Rubén Darío. Su obra completa fue publicada de manera póstuma por su amigo Froylán Turcios, en el libro Tierras, mares y cielos.

10) LITERATURA ESPAÑOLA DE EL SALVADOR

En las últimas décadas del dominio ibérico ya existía en Centroamérica una considerable actividad cultural de carácter secular. Su centro eran tanto la Universidad de El Salvador desde 1841 como la Universidad de San Carlos, en Guatemala. Allí, y en poblaciones de regular tamaño, algunos criollos educados se congregaban para debatir e intercambiar las ideas de la Ilustración. Esto animó el nacimiento de una literatura de orientación más política que estética, manifestada principalmente en la oratoria y la prosa argumentativa, polémica y doctrinal, donde los autores hacían gala de su ingenio y de su formación retórica clásica.

En esa época destacaron personalidades de origen salvadoreño, algunas de ellas protagonistas de las posteriores gestas independentistas y guerras fronterizas. Cabe recordar aquí la célebre homilía del padre Manuel Aguilar (1750-1819) en la que proclamó el derecho a la insurrección de los pueblos oprimidos, lo cual provocó escándalo y censura entre las autoridades. También dentro de esta modalidad de literatura oratoria se situó la intervención del sacerdote José Simeón Cañas (1767-1838) en la Asamblea Constituyente de 1823. En una pieza oratoria de gran pasión y elocuencia reclamó la liberación de los esclavos. También gozó de gran reputación la oratoria y la prosa forense del presbítero y doctor Isidro Menéndez (1795-1858), autor de buena parte de la legislación salvadoreña.

La estética en la literatura salvadoreña de aquella época no gozaba de un protagonismo comparable al del discurso elocuente o a la redacción periodístico. Se limitaba a usos de ocasión, como es el caso de versos anónimos dedicados a comentar satíricamente sucesos políticos del momento, o de otras composiciones poéticas que celebraban el buen nombre y las hazañas de personalidades de relieve. Puede citarse a Miguel Álvarez Castro (1795-1856), autor de poesía laudatoria, entre la que resalta su oda Al ciudadano José Cecilio del Valle (1827). Parecido carácter y función tenía la célebre Tragedia de Morazán, escrita por Francisco Díaz (1812-1845).

En la segunda mitad del siglo se fueron asentando las grandes instituciones culturales propias como la Universidad de El Salvador y en 1870 se creó la Biblioteca Nacional. Se formó asimismo otra institución de carácter semi oficial, la Academia Salvadoreña de la Lengua, que se constituyó nominalmente en 1876, aunque no entraron en funciones hasta 1914. Desde todas ellas fue emergiendo una élite intelectual donde el embrión romántico y modernista brillaría en literatos como Fernando Velarde, Juan José Cañas, Rafael Cabrera, Dolores Arias y Francisco Gavidia.

11) LITERATURA ESPAÑOLA DE NICARAGUA

También el foco cultural partía de Guatemala y su universidad. Pero a diferencia de Guatemala, donde surgió una literatura ligada a las ideas liberales que animaron la independencia de Centroamérica, proclamada también en 1821, y representada principalmente por el narrador José de Irrisari y el poeta José Batres Montúfar, en Nicaragua la primera mitad del siglo XIX es muy pobre en creaciones individuales. Fue un período en que las luchas fratricidas consumieron al país, y no hubo ningún sustento a la estabilidad, al grado que se le conoce como “la época de la anarquía”.

Con todo nace en Nicaragua uno de los más grandes escritores de habla hispana: Rubén Darío, que inicia el movimiento modernista. Darío inició su carrera literaria en Chile, al publicar en 1888 uno de sus más importantes antologías, Azul... Máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, posiblemente, el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Es llamado príncipe de las letras castellanas. Y esto, al contrario de lo que en general se piensa, no fue solo por su maravillosa poesía repleta de léxico caribeño, música y un encanto simbólico único, sino también en la prosa de sus artículos periodísticos y su narrativa preciosística de Prosas profanas y las casi desconocidas, pero interesantísimas novelas, El hombre de oro, escrita hacia 1897, y ambientada en la Roma antigua y El oro de Mallorca, una buena novela de intriga, etc.

12) LITERATURA COSTARRICENSE DEL SIGLO XIX

La conformación de la literatura costarricense fue similar a la del resto de América Latina, y así las primeras apariciones serias estarán en relación con su primer periódico en 1824, por José Francisco Osejo y la fundación en 1813 de la Casa de Enseñanza Santo Tomás y la nueva actividad universitaria desde 1844. Por lo que, si bien ya desde el siglo XIX hay ejemplos de autores que aún hoy gozan de reconocimiento, no será hasta el siglo XX cuando esta literatura dará profusos frutos. Así tenemos dos grupos es este periodo histórico:

-Los de la primera mitad del siglo los de la “LIRA COSTARRICENSE” (recopilada por Máximo Fernández entre 1890-1891), de estilo más bien romántico y que integra a autores como el propio José Francisco Osejo, Lisímaco Chavarria y sobre todo Aquileo J. Echeverría, el cual era reconocido como poeta herediano, famoso por sus concherías y considerado el “Poeta Nacional”. Sus “concherías” celebran el folclore costarriqueño y el estilo de vida bucólico del campesino, utilizando el humor y el idioma “rural”. La prosa está bien representada por Manuel Argüello Mora (1834-1902), claro precursor de la narrativa costarricense, aunque acabó afiliándose a la Generación del Olimpo. Escribió varias novelas: Un hombre honrado, Un drama en el presidio de San Lucas, Las dos gemelas del Mojón (1860) y El amor a un leproso. En estas novelas intentó aprovechar la realidad histórica.

-Y los de final de siglo y principios del XX, pertenecientes a la “GENERACIÓN DEL OLIMPO”. Estos últimos relacionados con el estilo “costumbrista” como corriente literaria que caracteriza este tiempo, representado por autores y obras importantes como: ¨El Hojarasca¨ (1894) de Ricardo Fernández Guardia; el ¨Chamarasca¨ (1898) de Carlos Gagini; la ¨Nochebuena¨ (1895) de Manuel González Zeledón y el ¨Moto¨ (1900) de Joaquín García Monje. La poesía aparece a partir de 1890, continuando el mismo movimiento literario que la prosa y abriendo paso a un paralelismo entre la literatura y el resto de las artes que se manifestaban en este tiempo. Entre los escritores dedicados a la poesía se encuentran: José María Alfaro, Juan Diego Braun, Brenes Mesen y Rafael Machado, entre otros. Algunos de estos poetas también escribieron historias cortas, novelas y ensayos. Sus poemas conservan algunos aspectos románticos y se caracterizan a veces por abarcar temas nacionalistas e incluso políticos. El movimiento Costumbrista que más tarde fue seguido por el Realismo, crearon por separados una discusión artística que cuestionó el ser de la literatura costarricense, mientras el primero celebraba la vida bucólica y tradicional; el segundo por su parte, tuvo mayor representación ya en el siglo XX

Por otra parte, en cuanto a metaliteratura, cabe destacar que hacia 1894, se desarrolla en Costa Rica una polémica sobre la identidad de la literatura costarricense, conocida como “la polémica sobre el nacionalismo en literatura“. Así por ejemplo, Ricardo Fernández Guardia consideraba que los temas de los escritores nacionales bien podían estar inspirados en la tradición extranjera, básicamente europea; mientras que Carlos Gagini consideraba que la literatura “tica” debía enfocar asuntos propios de los costarricenses.

13)LITERATURA EN ESPAÑOL EN LA PANAMÁ DECIMONÓNICA

En Panamá, similar al resto de Latinoamérica, el Romanticismo se halló estrechamente ligado al nacionalismo liberal y a sus periódicos (hasta el siglo XX no tendrá universidades propias); de suerte que las producciones literarias giren ahora en torno a ellos.

Entre los primeros poetas románticos panameños, cabe mencionar a Manuel María Ayala (1785-1824) y Tomás Miró Rubini (1800-1881). Posteriormente, aparecen José María Alemán (1830-1887), Gil Colunje (1831-1899), Tomás Martín Feuillet (1832-1899), José Dolores Urriola (1834-1883), Manuel José Pérez (1837-1895), Jerónimo Ossa (1847-1907), Federico Escobar (1861-1912), Rodolfo Caicedo (1868-1905) y Amelia Denis de Icaza (1836-1911)

Como ocurriera en las letras costarriceñas, en las panameñas también hubo un gran cambio entre finales del siglo y principios del XX, ya sea por la Guerra de los Mil Días con Colombia, ya sea por la llegada del Modernismo costarricense y sobre todo nicaragüense. Entre los nombres a citar están un gran amigo del propio Rubén Darío, Darío Herrera y su seguidora Nicole Garay quien como buena modernista, fue devota de la forma musical del verso y de las exigencias de la estructura clásica de la poesía. Cultiva el soneto con gran acierto y se preocupa por los temas de la época: la mujer y su emergencia social, la incorporación de la mujer a la cultura y al trabajo, la maternidad, la muerte, lo míticamente fantástico,…

14) LITERATURA COLOMBIANA EN ESPAÑOL DEL XIX

Muchos entienden la literatura Colombiana como una categoría que se construye solo a partir del siglo XIX (aunque ya vimos su incubación anterior), y que surge como respuesta a la pretensión de consolidar un proyecto nacional tanto desde las recientes universidades como la de San Francisco (1803) y las más nacionales de Colombia (1826), Cauca (1827), Cartagena (1827) y Antioquía (1873), como a través de la prensa (ejemplos. “Aviso de Terremoto”, “Gazeta de Santafé” y luego “La Bagatela” todos del libertador Antonio Nariño, etc).

En otras palabras tras la Independencia (1810), las élites se dieron la tarea de construir e imaginar su nueva nación. En consecuencia, también surgió la necesidad de conformar una literatura nacional que argumentara dicho proyecto de construir la República colombiana. Pero por las guerras, analfabetismos y otras molicies y desidias no fue muy especial. Entre los pocos autores de finales del siglo podemos destacar los siguientes: Rafael Pombo, Tomás Carrasquilla (1858-1940) y Jorge Isaacs (1837-1895) cuyas obras como “El mosquito feliz” de Pombo (temática moralista-trágica), La marquesa de Yolombó (temática histórico-feminista) de Carrasquilla y María (temática amoroso-trágica) de Jorge Issacs pueden clasificarse dentro del romanticismo tardío, aunque otras obras hayan sido clasificadas como “costumbristas” por las fechas de su publicación (finales del XIX – comienzos del XX), y ya que también describen la vida campesina idealizada y las injusticias sociohistóricas. Algunos poetas a destacar: José Eusebio Caro, Julio Flórez, José Eustasio Rivera y León de Greiff también impulsaron el movimiento literario del modernismo. Por su parte el teatro colombiano también fue representado gracias a Luis Vargas Tejada (1802-1829). Entre sus obras se destacan A mis Amigos, A mi Lira amada, Recuerdo de Boyacá, La Madre de Pausanias, Doraminta, Catón de Ética, Las aventuras de Barcenas y Murilo, y la comedia Las Convulsiones, su más famosa obra teatral, representada con gran éxito en 1828. El resto de sus trabajos fueron publicados por cuenta del escritor José Joaquín Ortiz, en 1857, después de su trágica desaparición.

15) LITERATURA VENEZOLANA DEL SIGLO XIX

Como otras literatura amerindias de inicios del siglo XIX ya está bien desarrollada aunque su madurez y fecundidad se verá en el siguiente siglo, los intelectuales y políticos estaban ocupados en las guerras libertarias, que como las civiles les distraían de la verdadera literatura. Sin embargo, surge también la prensa escrita y la oratoria escrita desde el ensayo tanto el nacionalista como el metaliterario alejada de todos esos conflictos mundanales (por ejemplo: en la revista Cosmópolis (1894) aparecen los ensayos “Sobre Literatura Nacional” y “Más sobre Literatura Nacional” de Luis Manuel Urbaneja, donde señala los lineamientos del criollismo, con un estilo que plasma los problemas, tradiciones y costumbres de la gente y el ambiente rural, en pequeños poemas en prosa denominados “acuarelas”). Además en este período sobresale también la producción metaliteraria de Amenodoro Urdaneta (1829-1905), crítico literario, autor de Cervantes y la crítica (1877), Simón Rodríguez y sus reflexiones sobre el código intelectual y sobre todo Andrés Bello, primer autor en proponer la creación de una expresión literaria americana como se hace en el presente trabajo.

Respecto a la novela venezolana decimonónica se inicia, incluso tenida por la primera, con Los mártires de Fermín Toro en 1842. Otras obras destacables son: Blanca de Torrestella (1868), de Julio Calcaño; Zárate (1882) de Eduardo Blanco y Peonía (1890) de Manuel Vicente Romero. En la mayoría de los casos, las primeras novelas venezolanas funcionan como tribunas para denunciar las injusticias sociales, o como instrumentos pedagógicos o de construcción de la identidad nacional.

Como nos comentan estudiosos como Fabiola Malave, fue a partir de finales del XIX cuando se perfiló en Venezuela un movimiento literario de más ambiciosa inspiración, el naturalismo, que inspiró a Tomás Michelena una novela: Débora (1884) y a Manuel Vicente Romero García, su obra Peonía (1890), primera tentativa de novela criolla integral. Otros autores dentro de la tendencia serían Gonzalo Picón Febres (El sargento Felipe, 1899), y Miguel Eduardo Pardo (Todo un pueblo).

En poesía también destaca el propio Andrés Bello. Además, el romanticismo era acogido por otros poetas venezolanos, como José Antonio Maitín, Fermín Toro, Juan Vicente González y Cecilio Acosta. Sobresale dentro de este periodo la obra de Juan Antonio Pérez Bonalde, quien se inició como polemista y humorista en revistas y periódicos a partir de 1865. Según algunos autores, Pérez Bonalde es el máximo representante del romanticismo en Venezuela, para otros fue el precursor del modernismo. Autores más modernistas serían Francisco Lazo Martí (1869-1909) muy criollista y el dramaturgo Udón Pérez (1871-1926).

16)LITERATURA DECIMONÓNICA ECUATORIANA EN ESPAÑOL

Una vez más, y al igual que en el resto de las letras iberoamericanas, hay que decir también que las letras de Ecuador despegaron su celeste vuelo merced a los medios universitarios, tardía imprenta y el gran desarrollo de la prensa local (El Zurriago, El Vengador, El Diablo, La Nación, etc.). Las modas europeas de principios y finales de siglo llegarán tardías, como el romanticismo y el modernismo, este último llegó muy tardío en pleno siglo XX. Y todo ello envuelto entre guerras independentistas, territoriales y de frontera, amén de otros conflictos disuasorios de la dedicación literaria.

Así el Romanticismo despega en Ecuador de la mano de la gran poetisa Dolores Veintimilla (1830-1857), quien exaltó el amor, la lucha contra los prejuicios y una tristeza por amores no correspondidos. Es célebre su poema Quejas, donde muestra la gran melancolía que la atormentaba y que la llevaría en última instancia a suicidarse en la ciudad de Cuenca, en 1857. Otros colegas suyos importantes fueron José Joaquín Olmedo y tanto en Ecuador como en Perú, Numa Pompilio (1832-1907).

En prosa romántica destacó, en la novela, Juan León Mera (1832-1894), considerado además un clásico en la literatura ecuatoriana e hispanohablante. Su obra maestra, Cumandá, es también una de las primeras novelas ecuatorianas y un límpido símbolo de los ideales del romanticismo. También escribió el Himno nacional del Ecuador y un libro de cuentos, Novelitas ecuatorianas. Y respecto al ensayo, Juan Montalvo (1832-1889), es el mayor representante ecuatoriano de todos los tiempos.

17) LITERATURA PERUANA DEL SIGLO XIX EN ESPAÑOL

Como muchas de las repúblicas coloniales de Latinoamérica, empezó el siglo como colonia y terminó como república independiente, pero disgregada en este caso del Virreinato de Nueva Granada y tras serios conflictos civiles y fronterizos, lo que no permitió el desarrollo pleno de su erudición y literatura. En este último periodo colonial entre dos siglos. XVIII y XIX, Perú tuvo importantes literatos que ayudaron intelectualmente a su emancipación definitiva, entre las figuras más destacables sobresalen, al estilo de los enciclopedistas franceses, los redactores del Mercurio Peruano, la primera gran revista literaria peruana, quienes se agrupan en la llamada Sociedad de Amantes del País. Entre ellos destacan Hipólito Unanue, José Joaquín de Larriva (famoso por sus letrillas contra el Libertador Bolivar), Toribio Rodríguez de Mendoza, José Faustino Sánchez, José Baquíjano y Carrillo, entre otros. En el campo de la lírica destacaron José Joaquín Olmedo y sobre todo el más modélico Mariano Melgar (1791-1815), en cuyos versos se prefigura el romanticismo y muestra un mestizaje entre la poesía culta y las canciones populares indígenas. Aunque su obra se enmarca más dentro de la época republicana, y consta de Carta a Silvia (1827) y Poesías (1878), y las fábulas (“El cantero y el asno”,…). Se sumó a la revolución independentista en 1814 y murió fusilado.

Las primeras publicaciones del Perú independiente fueron, como de costumbre en este continente, a través de la prensa (“Mercurio Peruano”, “La miscelánea”, “El Conciliador”, “El Montonero”, “Para Muchachos”,…) y además los autores se asociaron a diferentes grupos como la “Academia del mirto”, “Generación de la bohemia” o “Realismo peruano”. Por otra parte, las corrientes literarias del Perú independiente fueron el costumbrismo y el romanticismo, y ya al final del siglo también algo del realismo.

1) A la corriente costumbrista peruana pertenecen dos poetas limeños, satíricos y dramaturgos cómicos, pero de espíritu contrapuesto: a) Felipe Pardo y Aliaga (1806-1868). Examinó y juzgó con severidad la realidad peruana a través de sus comedias (“La jeta del guerrero”,…) y artículos costumbristas (el más famoso fue el titulado “Un viaje” en el que un tío pijo, 52 años, debe ir de Lima a Chile, y se ridiculiza los preparativos de 6 meses por sus formas ñoñas y costumbres anquilosadas de hacer las cosas, frente a las nuevas formas con las que el autor piensa ir a Chile); b) Miguel Ascensio Segura (1805-1871), el mejor dramaturgo de su tiempo y quien mejor retrata los estereotipos populares limeños. Mientras Felipe Pardo era un autor de ideas aristocráticas y defensor de la colonia española, Segura representó los valores democráticos de la nueva sociedad peruana, lo que se refleja en el sabor criollo de sus comedias costumbristas como”Ña Catita” y “El sargento Canuto”. En cuanto a la narrativa destacan menormente: Narciso Aréstegui (autor de la primera novela peruana, El padre Horán), Manuel A. Fuentes y Flora Tristán.

2) Respecto a la corriente romántica, muy tardía y perseverante también en Perú (solo decayó a partir de la Guerra del Pacífico). Dos representantes del romanticismo peruano, sin embargo, han sobrevivido literariamente, por la calidad de sus obras: Ricardo Palma (Tradiciones peruanas, Verbos y gerundios) y Carlos Augusto Salaverry (“Diamantes y perlas”, “Acuérdate de mi”, y otros poemas magistrales en dulzura y sentimiento), pertenecientes a la llamada generación de la bohemia.

3) Finalmente tras la mencionada Guerra del Pacífico, y grandes pérdidas y consecuencias el idealismo romántico desapareció dando lugar a las corrientes realistas-naturalistas. Estas también tuvieron sus grandes autores finiseculares del Perú. Destaca: Manuel González Prada (claro precursor del modernismo que llegará ya en el XX) y más aún el grupo de autoras encabezadas por Juana Manuela Gorriti como las siguientes: Mercedes Cabello de Carbonera (Blanco Sol, Las consecuencias, y otras cuatro novelas y ensayos feministas e intelectualmente antagónicos a Ricardo Palma), Clorinda Matto (de letras indigenistas, especialmente en Aves sin nido) y María Nieves (iniciadora de la narrativa histórica).

18) LITERATURA DECIMONÓNICA DE CHILE EN ESPAÑOL

En Chile el proceso histórico fue demorado, su independencia (oficial ya desde 1818) y de conformación territorial que tuvo tres periodos ((generalmente conocidos como “Patria vieja” (1810), “Reconquista” y “Patria nueva” (1823), y además el territorio del Chiloé se añadió en 1826), además de las guerras contra la confederación Perú-boliviana, posterior contra España, la ya citada Guerra del Pacífico (con Perú), y su propia Guerra Civil de 1891. Con todo esta violencia, caos y convulsionismo social, resultaron muy tardíos sus universidades (primera universidad en 1842 y después la Pontificia en 1888), imprentas (hasta 1811 no llegó la primera propia imprenta a Chile) y sus primeros periódicos “Aurora de Chile” (1812), “El monitor araucano” (1813), etc.

Así pues, las llegada de las principales corrientes literarias mundiales aún se demoraron, entremezclaron y chocaron más en Chile. El romanticismo en Chile, conforme al análisis del crítico literario Cedomil Goic, puede clasificarse en tres generaciones literarias: la de 1837, 1852 y 1867. ​

-La de 1837, denominada también generación costumbrista, se caracterizó por el desarrollo de un costumbrismo con especial énfasis en lo pintoresco y lo realista, abordándolos desde un punto de vista crítico y satírico. Cuatro nombres destacan: Mercedes Marín del Solar, Rosario Orrego, Vicente Pérez Rosales y José Joaquín Vallejo. ​

-La de 1852 o generación romántico-social tuvo una postura más radical a la visión liberal que la generación anterior, presentando el pasado como ejemplo de rectificación del presente. En esta generación sobresalieron Guillermo Blest, Eusebio Lillo, José V. Lastarria, Guillermo Matta, Martín Palma y Salvador Sanfuentes. ​

-La de 1867 o generación realista se caracterizó por poseer un enfoque más cercano al realismo que las generaciones anteriores. Descollaron en ella Alberto Blest Gana con su novela Martín Rivas, en la que retrató a la sociedad chilena de finales del siglo XIX. Incorporando además el romanticismo característico de sus primeras obras cabe citar también; Daniel Barros Grez, Eduardo de la Barra, Zorobabel Rodríguez, José Antonio Soffia, y Liborio Brieba.​

El romanticismo en Chile evolucionó desde los ideales neoclásicos del arte, hasta alcanzar una concepción ligada a la expresión de la sociedad, siéndole añadida la función de orientar el desarrollo ético y moral de la vida pública y privada.

Para finalizar solo queda mencionar la llamada Sociedad Literaria de 1842 que tenía entre otros objetivos el de impulsar la formación de la juventud y promover una literatura con identidad nacional. Fomentó la originalidad e impulsó al rechazo de los modelos extranjeros. Dos polémicas metaliterarias destacaron: a) la “controversia filológica”, acerca del léxico auténtico y original para los escritores chilenos y b) “acerca de la corriente romántica” en la que se llegó a plantear si el romanticismo debía ser adoptado pos sus escritores.

A partir de los años sesenta convivieron diversas corrientes cuyos autores son difíciles de discriminar con exactitud, tanto del romanticismo ya mencionado, como de las nuevas corrientes finiseculares: criollismo y modernismo, y todos perduraron durante décadas del XX.

19) LITERATURA EN ESPAÑOL EN LA BOLIVIA DEL SIGLO XIX

Tras la independencia en 1826, tuvo 50 años de inestabilidad social, primero por la invasión norteña de Brasil, después de tropas peruanas, confederación Perú-Bolivia contra Chile y Argentina, anarquía e invasión de Perú, disputas territoriales con Chile, Paraguay (Guerra del Chaco) y Argentina,…, Guerra del Pacífico. Como en otras repúblicas sudamericanas fue alrededor de los periódicos (“El Diario”, “El Independiente”,…) y de la Universidad, especialmente la de San Francisco Javier donde se irían reuniendo y forjando así las ideas libertarias y a pesar de las prohibiciones se formaron diversos clubes literarios que serían el fermento de las ideas sociales y políticas de Bolivia. Entre aquellos primeros autores, en tamañas circunstancias, sobresale en español Gabriel René Moreno (1836-1909), considerado como el “príncipe de los escritores bolivianos”. Preocupado por la literatura y por la historia de su país (Últimos días coloniales en el Alto Perú, publicada en 1896), además de ser el autor de valiosas obras en el campo de la crónica y la bibliografía.

Según los principales críticos consultados, solo a partir de la segunda mitad del siglo XIX se forma un grupo como la “Generación de 1880”, desde un romanticismo nacionalista muy tardío y confuso con el realismo coetáneo, y se renovará la literatura propiamente dicha de estos autores: Ricardo Jaimes Freyre (precursor modernista); Alcides Arguedas (precursor indigenista): Ricardo José Bustamante (1821-1886) con obras de exaltación patriótica, como Hispanoamérica libertada (1883), o de teatro, como Más pudo el suelo que la sangre (1869); y el narrador Nataniel Aguirre, que volvió sobre las gestas de la emancipación en su novela Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la Independencia (1885). Entre las escritoras también merece mencionarse: la ciega Mª Josefa Mujía, Natalia Palacios y la poetisa, pedagoga y dramaturga Natalia Zamudio.

20) LITERATURA ESPAÑOLA EN LA ARGENTINA DECIMONÓNICA

Sigue la misma ruta de las literaturas ya apuntadas (guerra de Independencia, guerra contra Chile y Bolivia,…/ respaldo cultural de las universidades de la ya tradicional De Córdoba más las nuevas de Buenos Aires y De la Plata/ difusión u fervor literario de los periódicos y grupos literarios) que no del todo bien descritas. Pero su tradición literaria ya llevaba tal velocidad que al llegar el siglo XIX también lo hizo con profundidad. Así es como se formaron los primera agrupación:

GRUPO DEL 37. Desde la donación de libros de 1812 por parte del escritor Mariano Moreno Marcos Sastre (1808-1887), un librero de la ciudad de Buenos Aires, ofreció en 1837 un salón de su biblioteca personal para oficiar de “salón literario” y que se efectuaran allí las reuniones de los grupos de lecturas y discusión de los intelectuales. La primera sesión inaugural fue en 1837, siendo sus primeros miembros: Juan Bautista Alberdi (1810-1884), autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853; Vicente Fidel (1815.1903), autor masón y liberal que inauguró la novela histórica con obras como La novia del hereje, La inquisición de Lima y La loca de la guardia; Juan Mª Gutiérrez (1809-1878), historiador, crítico y poeta; José Mármol (1817-1871), claro exponente del drama romántico con EL Poeta y El cruzado; Esteban Echevarría fundador de la llamada literatura gauchesca con El matadero; Juana Manuela Gorriti (1818-1892); y el mismo presidente Domingo F. Sarmiento con su inmortal Facundo, cuya obra puede tildarse tanto de nacionalista como gauchesca, pues el bárbaro caudillo gaucho, Facundo Quiroga, representa los ideales del federalismo y al mismo político antagonista Rosas, a quien pretende vilipendiar en su obra. Muchos de ellos huyeron e influyeron a Uruguay por la Dictadura de Rosas.

La LITERATURA GAUCHESCA que aunque no es solo argentina (también ururguaya) comienza con la obra de Bartolomé Hidalgo. Sus Cielitos, que hablan de la peripecia patriótica, van deviniendo después en poemas en los cuales se incorporan las primeras denuncias que en 1872 continuarán la voz de El Gaucho Martín Fierro de José Hernández, escrito en verso que tuvo una continuación en 1879 titulada La vuelta de Martín Fierro. Y también merece mencionarse la publicación de Fausto, de Estanislao del Campo (1866), sátira en verso en la que un gaucho relata con su propio lenguaje una representación del Fausto de Charles Gounod. En general esta literatura presenta descripciones de la vida campesina y sus costumbres, así como de los personajes sociales de ese entonces: indios, mestizos, negros y gringos, entre otros. Suele haber una exaltación de lo folclórico, y se emplea para realizar una crítica social. En la forma y el lenguaje, se distingue por el empleo abundante de metáforas, neologismos, arcaísmos y términos aborígenes.

21) LITERATURA ESPAÑOLA DE PARAGUAY DURANTE EL SIGLO XIX

Como nos describen Viriato Díaz-Pérez, José Sanz Díaz y el autor de la Wikipedia, el siglo XIX paraguayo es un campo yermo en la creación literaria paraguaya, tanto por los conflictos civiles y bélicos, como por las muy tardías imprentas y universidades (la primera Universidad de la Asunción se inauguró hasta 1889). Tras su independencia en 1810 sufrió la férrea censura de la dictadura del Doctor Francia (desde 1814) que casi eliminó la práctica literaria. Solo se conocen hasta la fecha algunos hitos literarios aislados: José Segundo Decoud (1848-1909), miembro de la Convención que dictó la Constitución Nacional y entre otras obras docentes es autor del primer ensayo sobre metaliteratura: “La literatura en el Paraguay” (Asunción, 1889); y Mariano Antonio de Molas (1787-1844), autor de la interesante Descripción Histórica de la Provincia del Paraguay, obra de mérito excepcional.

Una vez más la producción literaria en español dependió mucho más de la creación de las revistas literarias como las del Instituto Paraguayo: Letras, Crónica y La Aurora amén de otros publicaciones semanales y periódicos como “El Paraguayo independiente”,“Cabichu’i”, “La Semana”, “La Democracia”, “La Tarde” y “La Patria”. Entre los periodistas y reporteros más afamados del momento cabe destacar los siguientes: al poeta Ignacio A. Pané, Natalicio Talavera, Juan Crisóstomo Centurión (estos dos últimos también historiadores tanto en español como en guaraní), Juan Andrés Gelly, José Silvano Godoi y a Enrique Solano López. El agravante de la Guerra de la Triple Alianza supuso la interrupción de esas incipientes actividades literarias. Así, con el país dedicado a su reconstrucción durante el último cuarto del siglo, las primeras producciones paraguayas importantes aparecerían en pleno siglo XX.

La primera novela escrita por un paraguayo se llamó Viaje nocturno de Gualberto o Las reflexiones de un ausente, escrita por el Coronel Juan Crisóstomo Centurión, publicada en Nueva York en 1877.

22) LITERATURA URUGUAYA EN ESPAÑOL DEL SIGLO XIX

Aunque su Declaración de Independencia fue un poco más tardía que la paraguaya (1825 primero de España y luego de Brasil) en cambio no tuvieron dictaduras ni censuras graves posteriores (aunque sí conflictos como la Guerra Grande, Guerra de los Farapos, Triple Alianza, caudillismo,…) y así en 1808 tuvieron su propia imprenta y en 1848 su primera universidad, principales medios de creación y divulgación literarios propios. La prensa (“La Aljaba”, “El Parnaso Oriental”, “El Liberal”, “El defensor de las Leyes”, “El fogón”, “El Correo”,…) también jugó un papel trascendental en ello, y como en la mayoría de los países estudiados en esta época casi todos los escritores fueron también periodistas.

Como ya se comentó con la literatura argentina, este fue el siglo del nacimiento de la LITERATURA GAUCHA en ambos países. Se inicia así la poesía gauchesca, de gran presencia en la historia literaria del país, que persistirá hasta la actualidad. Por otro lado, surge con ímpetu el Clasicismo, de origen europeo, que alcanza gran popularidad y un importante número de adeptos, entre ellos Francisco Acuña de Figueroa, autor del Himno nacional y la Salve Multiforme, Orosmán Moratorio quien cultivando un estilo literario basados en temas gauchos, fue el fundador junto a Alcides de María de la revista “El Fogón“, la cual se convirtió en la publicación del género gauchesco más importante de la región. Contó con la participación de muchos de los referentes de este género literario entre los que se encontraban Elías Regules, Antonio Lussich, El “Viejo Pancho”, Javier de Viana, Juan Escayola, Martiniano Leguizamón y Domingo Lombardi. Otros autores dignos de mención son: Francisco y Manuel Araucho, Miguel Barreiro, el propio 7º presidente Bernardo P. Berro, José Ellauri, José B. Lamas, el párroco, senador y primer rector de la Universidad Dámaso A, Larrañaga, Carlos Villademoros, José B. Monterroso, Lucas Obes, Santiago Vázquez, Petrona Rosende tenida como “La Safo oriental”, entre otros.

En segundo lugar, el ROMANTICISMO llega a Uruguay de la mano de Esteban Echeverría (y otros de la ya vista “Generación del 37” de Argentina) que huye del dictador argentino Rosas y se instala en Colonia y Montevideo.

Se considera el primer poeta romántico uruguayo a Adolfo Berro, que confiere a la poesía romántica un cariz social y político y como Espronceda muere de pulmonía con poco más de 20 añitos. Dicho movimiento se extendió hasta entrado el siglo XX y contó con más de sesenta y cinco escritores que trabajaron la poesía, la narrativa y el teatro, entre los que sobresalen Luciano Acosta, Pedro P. Bermúdez, Bernardo Berro, Francisco X. De Acha, Heraclio Fajardo, Elbio Fernández, Juan C. Gómez, Eduardo Gordon, Andrés Lamas, Gonzalo Ramírez, Carlos Mª Ramírez, José P. Varela, Juan Zorrilla de San Martín, y otros muchos.

En último lugar llega el realismo, pero no solo sino con las otras dos corrientes. La última mitad del siglo XIX está marcada por los conflictos ideológicos entre Blancos y Colorados. Al Clasicismo , el Romanticismo y la Poesía Gauchesca se suma el Realismo, que retratará con minucioso detalle lo sucedido en la época. Entre los autores más destacados están: Eduardo Acevedo Díaz, considerado el iniciador de la novela nacional gran descriptor de su sociedad como bien se ve en sus novelas El primer suplicio y Grito de gloria; Daniel Muñoz fundador del Ateneo de Montevideo; y Carlos Roxlo, claro exponente de la poesía romántica como se aprecia en sus antologías Veladas poéticas y Cantos de la tierra. Otros autores dignos de mención son: Domingo Arena, Víctor Arreguine, Francisco Berra, Aurelio Berro, José Sienra y Carranza, Rafael Fragueiro, Clemente Fregeiro, José G. del Busto, Washington Bermúdez, Victoriano Montes, Joaquín de Salterain, Ricardo Sánchez, Santiago Maciel, Benjamín Fernández, Alcides de María, Samuel Blixen, Víctor Pérez Petit, Abdón Arosteguy, Carlos María Ramírez, Santiago Maciel, Manuel Bernárdez, Benjamín Fernández y Medina, Ángel Floro Costa, Luis Melian Lafinur, Isidoro de María, Teófilo Díaz, Gregorio Pérez, Julio Herrera y Obes, Juan C. Blanco, Mariano Soler, Justino Jiménez de Aréchaga, Agustín de Vedia, Antonio F. Díaz.

23-CONCLUSIONES

Como hemos ido viendo el siglo XIX hispanoamericano ha sido un siglo repleto de guerras y conflictos sociales que impidió el vuelo pletórico definitivo de sus letras. Además esto influyó seriamente en el interés y desarrollo cultural de la lengua española en aquel continente, de ahí la muy retrasada implantación de la imprenta y la demorada apertura de sus propias universidades que facilitaran la labor de las castas intelectuales de cada uno de aquellos países. Por todo ello la adaptación de las estéticas y modas literarias externas (romanticismo, realismo, naturalismo y su propio modernismo ni siquiera llegó a muchos de ellos) fueron siempre muy tardías, pero en cambio favoreció el criollismo nacionalista o de identidad nacional, como el de la literatura gaucha y la traducción de literatura aborigen (teatro, verso y prosa como las leyendas mexicas del Chilam Balam, Rabinal Achí y Popol Vuh, peruanas de los amautas sobre Ollantay,…).

Esta centuria no fue el gran siglo de la novela hispanoamericana (como sí de la española), más bien fue el gran siglo del artículo y el ensayo hispanoamericano, fue su gran siglo de la prensa. De hecho, tras lo visto a lo largo de este trabajo y de acuerdo con el estudio de Almudena Mejías Alonso y Alicia Arias Coello, ni siquiera muchas de sus novelas o versos habrían llegado a publicarse (como por ejemplo en narrativa Lucía Jerez de “Adelaida Ral”, alias de José Martí, o casi todas las obras gauchescas en “El Fogón”,…).

También es evidente el progreso de las autoras hispanoamericanas, dentro del feminismo, o/y del nacionalismo-criollismo o/y de las diversas corrientes literarias del momento secular. No ya tan solo escrito por monjas como ocurrió en la Edad Moderna (recordemos aquí autoras del capítulo mío anterior como Sor Juana Inés de la Cruz, Juana de Maldonado, Leonor de Obando,…, e incluso a Mª Josefa Granados con su escandaloso “sermón”), sino también a laicas y ahora bien citadas (recordemos a las ya citadas: la argentina Juana Manuela Gorriti; la uruguaya Petrona Rosende; las bolivianas Mª Josefa Mujía, Natalia Palacios, Natalia Zamudio; las peruanas Juana Manuela Gorriti, Mercedes Cabello, Clorinda Matto, María Nieves; la ecuatoriana Dolores Veintemilla; las panameñas Amelia Denis de Icaza y Nicole Garay; la hondureña Lucila Gamero; la guatemalteca María Josefa García Granados; la dominicana Salomé Ureña; las puertoriqueñas Alejandrina Benítez, Mª Bibiana Benítez y Benicia Agueyo; las cubanas Luisa Pérez, Mercedes Matamoros y Gertrudis Gómez,…). No obstante todavía no fue fácil para ellas como bien nos describe Sara Beatriz Guardia en su concienzudo trabajo.

24-BIBLIOGRAFÍA

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